miércoles, 11 de abril de 2007

Lluvia en el Rif

[segundo día, Chauen, 2-04-2007]

El Rif brilla con los verdes de la hierba y los grises de la caliza humedecida. La gran cordillera del norte de Marruecos, simétrica de nuestras béticas, está sumida en la primavera, y las genistas amarillas alegran la mirada del viajero mientras el ganado deambula pausadamente por los extensos pastos. Ayer se puso a llover. Un temporal venido del Atlántico irrumpió en la región de Chauen, y la humedad y el frío se han apoderado de nuestros cuerpos, aunque nunca podrá hacerlo con nuestras almas expectantes en estos comienzos del viaje. Debe de ser frecuente e intensa la lluvia en primavera, así como las tormentas de verano, en esta región de Chauen, donde relictos bosques de rarísimos abetos africanos (Abies maroccana) engalanan algunas cumbres privilegiadas, una situación de nuevo idéntica, pero simétrica, con lo que ocurre con nuestro pinsapo (Abies pinsapo) en las montañas malagueñas y gaditanas, uno de los lugares más húmedos de nuestro lado del estrecho. Como sea, tanta belleza silvestre tiene un precio, y hoy ha amanecido el tiempo revuelto. Hemos desayunado en la plaza de Chauen, entre tiritones, y tras un intento de transformación en vendedora ambulante por parte de Pilar, nos hemos dispuesto a dar un paseo por el pueblo bajo los paraguas que acabamos de comprar (treinta dirham cada uno, unos tres euros, y el tío no se ha bajado de la burra: o eso, o a mojarse).

En la medina de Chauen, parece que uno paseara por Ibiza, o por el Albaicín granadino, o por Mojácar, o tal vez, algo más lejos, por el San Blas cusqueño. Todos ellos entornos empinados de callejuelas blancas y luminosas, laberintos intrincados en los que tras un recodo no es posible esperar más que otro, una escalera, una cuesta, una mujer tocada con su hiyab en una puerta. Al fin y al cabo, si no fuera por el detalle humano, la mayoría de los lugares serían idénticos a los otros. Y sin embargo, en Chauen, está el reflejo celeste de los enfoscados de yeso teñido señalando claramente la diferencia. Dicen que fue la primera colonia judía en la ciudad la que impuso esta moda. Da igual el origen: el resultado es espectacular.

La medina azulada de Chauen es modesta pero encantadora. Los puestos se arremolinan en las calles que circundan la plaza; como toda medina, en ella se establece la vivienda, pero también el comercio. El caos propio de estas ciudades antiguas marroquíes no es tan evidente aquí, donde la menor población lo limita, y la sensación es de pulcritud y tranquilidad en toda la medina. Sobre todo hoy, que llueve, y sólo unos pocos turistas nos hemos atrevido a salir a la calle, a dejarse perder entre los muros retorcidos, bajo los tejados casi unidos. Hay unos taburetes rústicos fabricados íntegramente de corcho de alcornoque en el quicio de una puerta azul. Una señora vestida de amarillo en medio de una empinada cuesta, la cuál está completamente teñida de índigo, paredes y suelo. Un arco da paso a otra porción de calle. Una casa estrecha, flanqueda por cuestas de pendiente opuesta en cada uno de sus lados. Unos carpinteros tallando pacientemente complicados dibujos sobre tablas aromáticas de cedro rifeño. Un callejón en el que los hombros del paseante rozan las paredes. Un balcón y una entrada de una casa tallados en maderas del Rif, aportando variedad al conjunto. Todo azul en esta medina. Las paredes, teñidas por los ancestrales tintes árabes, resplandecen en índigo y celeste. Las puertas y los marcos de las ventanas, en un tono azul más intenso. El cielo no. Hoy está gris. Y aún así, la humedad resalta el color, hace brillar las calles. Parece como si todo el cielo se hubiera caído de su sitio derramándose por la medina, dejando en su lugar y sobre nuestras cabezas un hueco irregular, gris y blanquecino.

Tras atravesar el laberinto de callejuelas, nos dirigimos, en un paseo breve, a las afueras, a la mezquita vieja, hoy en ruinas, de la que prácticamente sólo queda un minarete apenas en pie y una pared ruinosa con el hueco del mirhab (nicho) que señala la quibla (la dirección hacia la Meca). Desde lo alto, la vista del pueblo es magnífica, mancha blanca rodeada de una breve muralla y enmarcada por imponentes montañas, que despiertan el instinto a todos los que palpitamos con la naturaleza. Un personaje local que conocemos en el minarete nos indica el camino para visitar el bosque de pinsapos. No hay tiempo en este viaje, ya elegimos ayer entre los cedros del Atlas Medio y estos pinsapares, ganando los primeros, pero queda cuidadosamente anotado. Otro señala el lugar donde verdea el principal cultivo de Chauen y probablemente una de las bases fundamentales de su economía: los campos de kif (es decir, de marihuana). Están ralos todavía, pero la cosecha irá creciendo poco a poco con estas lluvias bajo el calor norteafricano. Nos invita a visitar su casa, donde extraen laboriosamente el polen, la resina, la mierda, los distintos componentes activos de la hierba mágica. Rechazamos la oferta muy a nuestro pesar: el autobús sale en una hora y no hay tiempo.

Volvemos a toda velocidad al pueblo atravesando de nuevo, brevemente, la medina azul. Ha sido una visita muy corta, pero queda en la mente de todos el deseo de volver. Es ya tarde, no hay ya billetes directos a Meknés, que es nuestro siguiente objetivo, y tomamos el autobús rumbo a Sidi Kacem a la una menos cuarto del mediodía. No sin antes regatear por el transporte del equipaje, que "misteriosamente" no va incluido en el pasaje. Oscar defiende a capa y espada un precio razonable: 5 dirham por paquete. Y gana. Por supuesto.

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1 comentarios:

Blogger Esther ha dicho...

Autor: Silvia

...5 dirhams que deberian repartirse los 2 moros del grupo a nuestra llegada a Sidi Kacem,porque fueron ellos quienes bajaron las maletas del techo del bus
Fecha: 10/04/2007 15:57.


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Autor: Julio

Tantos detalles que contar... Ánimo, que cada uno le dé a la tecla con lo que le pase por la cabeza. No hace falta ganar un concurso de literatura. Yo intentaré escribir al menos una entrada un poco larga por día, pero también cosas cortas si cuadra.
Fecha: 10/04/2007 16:12.


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Autor: Anónimo

Y qué decir del haman
plas!
y de ese extresante masaje
plas!
y del personaje que no sabías si te iba a estirar o a meter una paliza
plas!
media vuelta
plas!
Fecha: 11/04/2007 09:59.


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Autor: Esther

Anónimo que te identifiques por dios! y por alá!
Fecha: 11/04/2007 14:24.


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Autor: Pilar Holmes

Mi intuición me dice que se trata de un varón. Bueno mi intuición y el hecho de que a las chicas no nos estiraron mucho....fue mas bien exfoliación.
Fecha: 11/04/2007 14:41.


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Autor: Esther Watson

Por la coincidencia de la hora, 9:44 y 9:59 del 11 del marzo me decanto por... super Iván!
Fecha: 11/04/2007 14:53.


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Autor: Julio

Es emmental, queridas...
Fecha: 11/04/2007 15:21.

13 de abril de 2007, 20:22  

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